¿Cuál fue la última vez que salió de compras?, ¿lo recuerda?, todos los meses, todos los días, lo hace. Pero, ¿si alguna vez no lo hiciera?. Es difícil pensarlo y mucho más hacerlo, ahora en nuestro tiempo, en este que respiramos, no podemos vivir sin los productos, las marcas son parte nuestra vida, están en todos los lugares de nuestro hogar, están ahí metidas en nuestra mente, las tenemos presentes, porque ahora no somos humanos, somos marcas.
Cada vez que se enciende un televisor, se sintoniza alguna emisora radial, se lee un periódico, se ojea una revista, se visita una página Web, lo primero que se encuentra, aparte del titular, es un anuncio publicitario. Las marcas están presentes en todos los medios, es cierto, es la labor, es la venta, es la información, es la vida normal.
La publicidad de hoy es tan impactante, que sobre pasa los límites de lo estético, ya no se anuncia solo por vender, ahora se anuncia para llegar a los sentimientos del consumidor. Aunque la publicidad tenga más de 100 años de historia y haya evolucionado a la par del ser humano, siempre está va un paso más adelante, siempre nos sorprende.
Si bien para algunos no es incomodo, para algunos otros si resulta bastante molesto el tener que dirigir la mirada al paisaje citadino y encontrar calles llenas de publicidad. ¿Hasta cuando vamos a resistir?
David Ogilvy escribió en “Confessions of an Advertising Man”, “Cuándo me jubile de Madison Avenue, voy a fundar una sociedad secreta de enmascarados que viajarán por todo el mundo en motocicletas silenciosas... Destruyendo todos los carteles bajo la luz de la luna ¿Cuántos tribunales nos condenarán cuando nos sorprendan realizando estos actos a favor del ciudadano?”
No tengo seguridad si sucedió, pero de haber sido así no hubiese dudado en unirme a este creativo movimiento antipublicitario, no seré marquista será mi premisa.
